Nací con los ojos abiertos y pasé los primeros años de vida en el campo, entre bichos, plantas, animales y árboles de todos los tamaños. El mundo siempre me generó curiosidad: todo lo que percibimos de él nos modifica y nosotros a él, vivir para mi es significar y resignificar. Desde chiquita sentí que el dibujo era el lenguaje más cómodo y divertido para materializar las ideas, el más acorde a mi modo de ser y entender las cosas. Creo que el acto de dibujar es una de las formas que tiene el mundo de entenderse a si mismo a través de nosotros.